domingo, 12 de noviembre de 2017

Just do it!

Los dos primeros clasificados, en el Mirador de las Canchas
La primera edición de la Ventorrillo Challenge, celebrada ayer, superó todas las expectativas. La prueba combinó, a partes iguales, belleza y dureza. A la primera contribuyó un sol espléndido (aunque, como cantaban en su día los de Nuestro Pequeño Mundo, tiene que llover a cántaros, porque está todo muy seco) y los increíbles paisajes por los que discurre la ruta. La segunda, la dureza, hizo que la mitad de los participantes optaran por una retirada a tiempo y, al llegar al pueblo de Navacerrada, decidieran coger la carretera y dejarse caer hasta Cercedilla: 60 km de puro MTB que también tienen mucho mérito.

Al llegar a la Barranca, como digo, el pelotón se quedó reducido a la mitad y el puerto de subida al Mirador de las Canchas acabó de poner a cada uno en su sitio. Los dos primeros clasificados tuvieron la chulería de hacerse una foto en el citado mirador, antes de emprender un vertiginoso descenso a tumba abierta y disputarse la etapa al esprint. Como suele suceder, se impuso la veteranía.

El "tercer tiempo" de la ruta se desarrolló en una atestada terraza de la calle Mayor de Cercedilla: cerveza y huevos rotos, rodeados de un ambiente festivo propiciado por estos días desacostumbradamente apacibles para la época del año.

Matrícula de honor pues para la I Ventorrillo Challenge, una ruta llamada a consolidarse como una de las referencias obligadas del MTB aficionado de nuestro país.

¡Os esperamos en la próxima!

sábado, 4 de noviembre de 2017

The Ventorrillo Challenge


En una celebrada entrada que publicamos en este blog el pasado mes de abril, anunciábamos una alternativa al Duatlón de la Tubería que está "llamada a ser una de las marchas de referencia en el panorama MTB de nuestro país, [y que] ya tiene nombre: The Ventorrillo Challenge". Pues bien, la primera edición de The Ventorrillo Challenge ya tiene fecha: el próximo sábado 11 de noviembre.


The Ventorrillo Challenge tiene una evidente ventaja: que si a la altura del pueblo de Navacerrada uno se ve muy perjudicado, puede ir directamente a Cercedilla (lo cual convertiría la ruta en nuestra Cercedilla Challenge de toda la vida) y empezar a pedir cervezas para el resto de la expedición. The Ventorrillo Challenge añade a la Cercedilla Challenge de toda la vida la subida al Mirador de las Canchas, por la Barranca. Una vez llegados al mirador, dejaríamos el Sendero de la Tubería a nuestra derecha (ya no estamos para esos trotes: vid. la celebrada entrada) y bajaríamos por la pista hasta la Estación Biológica del Ventorrillo (de donde nuestra nueva challenge toma su nombre), para enlazar con el Camino del Calvario y llegar a Cercedilla, donde los "perjudicados" estarán esperando con cervezas bien fresquitas.

Estamos hablando, en definitiva, de una challenge de dos velocidades, que quedaría como sigue:
  • Cercedilla Challenge:
    • Nivel técnico: medio.
    • Nivel físico: medio-alto.
    • Distancia: 60 km.
  • Ventorrillo Challenge:
    • Nivel técnico: medio.
    • Nivel físico: alto.
    • Distancia: como no la hemos hecho nunca, no lo sabemos exactamente, pero le calculamos unos 75-80 km.
En ambos casos, el control de firmas es a las 7.25 h y la salida, a las 7.30 h, desde la casa madre de MNBC: Urbanización Montenogal, avenida Monasterio de El Escorial 39. Está prevista cuchipanda de hermandad biker en Cercedilla y vuelta en tren para llegar a Madrid a media tarde, hacia las cinco...

Aunque no es necesario comprometerse con una de las dos challenges desde la salida (entendemos que la ruta irá poniendo a cada uno en su challenge y que la "selección natural" se irá produciendo de manera natural, valga la redundancia), la organización sí agradecerá que quien vaya a venir nos lo comunique en nuestro correo:



¡Animarsus!


domingo, 29 de octubre de 2017

MNBC: Orgullosos de ser españoles



En MNBC estamos orgullosos de ser españoles: orgullosos de nuestra historia, de los compatriotas que nos precedieron, de aquellos con los que compartimos esta riqueza común, de los que vendrán..., de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, de nuestros paisajes, de nuestros artistas, de nuestros investigadores, de nuestros deportistas, de nuestros empresarios, de nuestros literatos, de nuestras fuerzas armadas..., de Cataluña, de Andalucía, de Aragón, del País Vasco, de Asturias, de Galicia, de Navarra, de Canarias... En definitiva, orgullosos de ser lo que somos y de ser como somos.

¡Viva España! 

Y hoy no tengo nada que añadir.

domingo, 15 de octubre de 2017

Como en los viejos tiempos

Cuando los cuatro bikers fundadores empezamos esta gozosa aventura que se llama MNBC, hace ya seis añitos, fiera, solíamos ir mucho a la ribera del Manzanares. De hecho, una de nuestras rutas favoritas la llamábamos entre nosotros la "from lost to the river". Y es que, en la margen izquierda del río, hay un sendero delicioso que va desde el puente de los Capuchinos hasta la presa de Mingorrubio. Cuando existía el puente, podías cruzar el río (sin mojarte, claro; mojándote, se puede cruzar siempre...) y así no tenías que volver sobre tus pasos (en nuestro caso, sobre tus ruedas), cosa que a los bikers no nos gusta demasiado: somos más de rutas circulares.

El caso es que el viernes pasado, nos juntamos tres de los fundadores, nos entró la melancolía (como a los Celtas Cortos) y decidimos volver a la presa de nuestras primeras rutas. Gran acierto, porque fue una ruta tranquila, disfrutona, de viernes por la tarde, y no faltó de nada: gamos por decenas (no exagero) pegados a la valla, la presa soltando agua (¡que llueva, que llueva...!) y las obras del puente de Mingorrubio progresando adecuadamente (las obras del mentado puente tienen detrás una larga historia, de la que ya hablamos largo y tendido en otra entrada). 

Gran tarde, pues, de MTB por el Monte del El Pardo. Y nos volvimos a casa con la satisfacción de ver que en poco tiempo tendremos un puente que nos permitirá volver a las rutas de antaño junto al río..., ¡como en los viejos tiempos!


sábado, 7 de octubre de 2017

De las carreras también se sale

Ante la avalancha de correos que me llegan en estos días para invitarme (invitarme previo pago, faltaría más) a algunas de las infinitas pruebas (mal llamadas "populares") que algunas empresas han convertido en lucrativo negocio, veo con preocupación el casi obsesivo afán de algunos amigos y compañeros bikers por participar en esas pruebas (mal llamadas "populares"): cuantas más, mejor. 

Pero he de decir que yo también estuve ahí, en lo más hondo del pozo, lo reconozco: hubo un tiempo en que sentía esa necesidad de demostrarme a mí mismo y al mundo que yo también podía, que yo también era capaz de ser un finisher, e incluso acabar en la primera mitad, aunque el lema escogido por la organización fuera "Bienvenidos al infierno: esta vez sí que sus vais a cagar". Sí, yo también era de los que decoraba el trastero con dorsales, como si fueran trofeos de guerra..., yo también tardaba en conciliar el sueño la noche antes de la carrera, después de haber preparado todo cuidadosamente: bici, equipación, geles..., yo también estuve "enganchado"..., ¡hasta que vi la luz!

La cosa no fue fácil y tuve una recaída. Todo quedó reflejado en este blog, que se convirtió en una especie de diario del desenganche. En "Me he quitao" expuse mis razones, como si de una terapia de grupo se tratara. Y "Me cuesta tanto olvidarte" fue el testimonio de una recaída, un testimonio dado desde la impotencia de quien ve que no puede, un testimonio que tuvo un valor catártico, porque desde esa última carrera ha pasado ya más de año y medio. 

Año y medio no es mucho tiempo, y todavía no se puede decir que esté del todo limpio, pero sí que cada vez me siento mejor, que empiezo a ver la luz al final del túnel y que empiezo a creer en algo que no hace mucho me parecía imposible: de las carreras también se sale.


domingo, 1 de octubre de 2017

Foto oficial temporada 17/18

Aunque no están todos los que son, sí son todos los que están. Y este año hemos querido hacernos una foto con las nuevas equipaciones de invierno que estrenaremos en cuanto se pase este veranillo de San Miguel y las temperaturas empiecen a ser más otoñales. Lo cierto es que, aunque no se aprecie en la foto, el posado nos supuso tener que sudar la gota gorda. Pero bueno, esto es lo que hay: son los problemas del directo y de encontrar una fecha que cuadre a la mayoría.

Queremos agradecer muy especialmente a CP Grupo su patrocinio, que nos ha supuesto un importante ahorro, así como la colaboración de Biketown y el apoyo de Wishtore, dentro de sus posibilidades (todo suma). Por si alguno se fija en los logos de la chaquetilla y piensa que no he incluido a Kobretti en la lista de agradecimientos, quiero aclarar que es la marca de la equipación ;-)

Nueva equipación, pues, y ahora, ¡a gastarla!




lunes, 25 de septiembre de 2017

Andrés

Hace una semana, el pasado 18 de septiembre, se nos fue Andrés al cielo. Habían pasado más de veintiún años desde que un accidente lo dejara postrado, un día de agosto que se ha quedado indeleble en mi memoria.

Conocí a Andrés en Pamplona en el año 1992. Aunque era diez años mayor que yo, enseguida trabamos una gran amistad que se consolidó a base de rutas en bicicleta de montaña. Con Andrés me recorrí Navarra en MTB de norte a sur y de este a oeste: desde las Bardenas Reales a la Selva del Irati, pasando por Tierra Estella, Urbasa, Pirineo… Y en julio de 1993, nos fuimos los dos a hacer nuestro Camino de Santiago desde Roncesvalles.

Andrés, como buen artista que era —pintor, escultor y lo que se le pusiera por delante—, parecía vivir en su mundo, un mundo de una enorme riqueza. Pero a medida que le ibas conociendo mejor, te dabas cuenta de que su mundo era, fundamentalmente, su familia y sus amigos. Andrés era esposo, padre, hermano, cuñado, yerno…, y amigo, un gran amigo de sus amigos.

De entre los muchos recuerdos que tengo de Andrés, destacan los diez días que pasamos juntos en el Camino de Santiago. Me llamó entonces la atención su preocupación por hablar todos los días con Beni, su mujer, y contarle cómo estaba yendo todo. Aquellos eran todavía los años gloriosos en que no existían los móviles como los conocemos ahora, y para llamar por teléfono había que proponérselo, especialmente si estabas haciendo el Camino. Hubo un día en que incluso pidió el favor de utilizar el teléfono en una casa particular, porque no encontró otro modo.

Y Andrés era un disfrutón. Sabía paladear agradecido las alegrías que nos da la vida: la belleza de un paisaje, de un pueblo, de una iglesia extraordinaria…, y que Induráin estaba ganando su tercer Tour (el final de etapa en algún bar del Camino era parada obligada). Andrés nos daba continuamente de esa alegría de vivir tan suya, y nos ayudaba a quitar importancia a las cosas y a reírnos un poco —o un mucho— de nosotros mismos.

Al mirar atrás, me sorprendente lo mucho que después del accidente nos siguió dando. A pesar de su tremenda limitación, recuerdo sus ojos de grata sorpresa y su sonrisa cada vez que iba a verle, y cómo se emocionaba cuando le contaba cosas del Camino. Nunca supe qué pasaba por su cabeza en aquellos momentos, pero siempre salí de aquellas visitas reconfortado y con un sentimiento muy vivo de lo que realmente importa en esta vida. Sí, Andrés siguió dando mucho durante veintiún años: a Beni, a sus hijos, a su familia y a todos los que tuvimos la gran suerte de ser sus amigos. Por eso entiendo muy bien el gran vacío que ha dejado.

Me consuela la certeza de que, desde otra dimensión, Andrés sigue presente, y a sus amigos bikers nos está preparando rutas maravillosas en bicicletas que no se estropean nunca, y una sesión continua de los cinco Tours de Induráin, con una buena cerveza, bien fría.

Gracias, Andrés. Gracias, amigo. Nos vemos en el cielo.